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"Bolillo" golpe a golpe PDF Imprimir E-Mail
domingo, 28 de agosto de 2011
Fabio Poveda Márquez
Editorial Grijalbo, Santafé de Bogotá, 1998, 286 págs.
Autobiografía del Bolillo Gómez publicada en 1998 se titula Golpe a golpe. Como si fuera poco, hay un capítulo titulado ‘Mis mujeres’, en el cual, después de autodefinirse como “un mujeriego irremediable”, agrega que “la mujer es lo más lindo que existe y yo a todas las que amé, las he tratado bien”.

El libro de Galvis Ramírez contiene una historia del fútbol colombiano alimentada por recortes, citas, algunas estadísticas y tres prólogos que, como los famosos mosqueteros, en realidad son cuatro.

A lo largo de 376 páginas este conocido periodista deportivo arma un mosaico histórico que recoge los principales capítulos de la breve y —aunque no queramos aceptarlo— intrascendental historia de nuestro fútbol. Allí aparece lo bueno, lo malo y lo feo. La historia se abre en 1903 con un partido que disputan dos equipos de ingenieros ingleses que han venido a Barranquilla a construir el ferrocarril entre la capital del Atlántico y la pequeña y vecina localidad de Salgar (a la que Galvis llama impropiamente Puerto Salgar, que es un pueblo cachaco sobre el río Magdalena). Y se cierra con un post scriptum en que desea a la Selección Colombia que se convierta en el Mundial de Francia en "una poesía de fútbol ganador". Los lectores ya pueden agregar a este deseo un prosaico epílogo: un gol en tres partidos jugados, y eliminación en la primera ronda.

El libro de Galvis constituye un decoroso texto de consulta para ubicar fechas, hechos y nombres. Allí aparece mencionada prácticamente toda la historia de nuestro fútbol, sin excluir momentos de gloria, episodios oprobiosos y épocas nefandas, como la de los carteles de la droga al frente de un buen número de equipos profesionales.

Pero de su pretensión enciclopédica nace su mayor defecto, y es que se trata de un sobrevuelo que deja pocas cosas por fuera, pero es flaco en contextos y pobre en primeros planos. Al referirse, por ejemplo, a los primeros tiempos del fútbol colombiano, menciona a Arturo de Castro, un joven barranquillero que trajo el fútbol de Europa y fundó, con algunos amigos, el Barranquilla Fútbol Club. El lector habría querido saber mucho más sobre este personaje: ¿quién era? ¿qué fue de él? Menciona también a Alejandro Frigerio Payán, un tumaqueño que "fue, durante diez años, el mejor crack de Europa". Si esto es verdad, si un colombiano fue el Ronaldo europeo ataviado con la camiseta de la selección suiza en los años 30, esta figura habría merecido un espacio mucho mayor en la historia de nuestro fútbol y en el libro de Galvis. La deuda queda.

El problema es que el autor no realizó investigaciones propias dignas de ser destacadas, sino, que transcribe párrafos y a veces páginas de otros libros y publicaciones. Otorga el crédito correspondiente a las fuentes, es verdad (los datos de De Castro y de Alex Frigerio Payán, por ejemplo, proceden de un libro del historiador barranquillero Mike Urueta), pero ninguna novedad aporta de su propio trabajo.

Escrito correctamente, aunque en estilo bastante plano, el texto adolece a veces de incoherencias. En la página 344, por ejemplo, dice que el jugador Tony de Ávila "fue transferido después al fútbol de Ecuador, en donde coadyuvó para que este club pudiera ganar el título nacional de 1997". ¿Qué club? También hay que señalar omisiones importantes. En el capítulo dedicado a los futbolistas colombianos que jugaron en clubes extranjeros, olvida a Delio "Maravilla" Gamboa y, más inexplicable aún, no menciona el famoso episodio en el que Francisco Maturana estuvo a punto de ser director técnico del Real Madrid. Aunque el contrato se hubiera frustrado en el último momento, es un hecho trascendental que un técnico colombiano hubiera alcanzado a firmar como entrenador del equipo con más exitosa historia del fútbol mundial.

Crónica de goles y autogoles es un documento que conviene tener a mano para dirimir apuestas, zanjar discusiones y precisar fechas y nombres. Mejor dicho: para dirimirlas si los interesados disponen del tiempo que demanda buscar en sus páginas lo que es motivo de su consulta, pues, siguiendo una deplorable costumbre colombiana, el libro carece de índice. Semejante falta merecería un tiro libre directo en cualquier clase de publicación de no-ficción; pero, tratándose de un libro de anales, debería castigarse con penalti y tarjeta amarilla.

El volumen, en suma, tiene la utilidad, el espíritu y la sensibilidad de un acta de secretaría.

Es diferente el caso de "Bolillo" golpe a golpe, obra casi póstuma del periodista barranquillero Fabio Poveda Márquez. Allí se las arregla Poveda —fallecido poco antes del Mundial— para transmitir con fuerza y emoción la personalidad del director técnico colombiano Hernán Darío Gómez. Está narrado en primera persona por "Bolillo", pero detrás de su relato se mueve la mano del periodista. Él mismo lo dice en su nota introductoria: "Debo aclarar que hice un trabajo de entrevistador, de reportero, de periodista. No he sido un simple transcriptor, sino un aportador de conocimientos sobre los hechos, ya que conozco muy bien la historia de esta selección, desde 1987, porque he estado bien cerca de ella". El material fundamental procede de las conversaciones que mantuvieron Gómez y Poveda en Medellín ante una grabadora durante diez días. De allí salieron "infinidad de casetes", dice Poveda, y no pocas discusiones.

"Este es un libro de dos autores —agrega Poveda—. El primero es Hernán Darío Gómez, y por eso está escrito en primera persona. El otro, el periodista que abordó el personaje y lo condujo por los temas que a todos interesaba conocer. Y que le dio forma escrita a su expresión oral".

Quizá lo mejor que se puede decir en elogio de la llave que formaron el reportero costeño y el entrenador paisa es que el libro se parece muchísimo al "Bolillo": huele a "Bolillo", suena a "Bolillo", vocifera como vocifera el "Bolillo". Esto no sólo es mérito del "Bolillo", sino, principalmente de quien, entre bambalinas, logró tal autenticidad.

Poveda confiaba en que el libro iba a ser polémico. No lo ha sido mucho, me parece. Pero tiene muchos elementos para serlo. Sobre todo los cargos que hace Gómez a la prensa por varios de los problemas del fútbol colombiano: "La prensa fue el mayor responsable del fracaso en el Mundial de Estados Unidos" [...] "Es un gremio sagrado, intocable, y que tiene el privilegio hasta de conducir como mansas ovejas a los aficionados" [...] "Los únicos que ganaron plata en el Mundial fueron los periodistas" [...] "El culpable de la muerte de Andrés Escobar [autor de un autogol, contra Estados Unidos, asesinado pocos días después en Medellín] fue la prensa".

La relación entre futbolistas y prensa es curiosa: cada uno vive del otro, pero aquellos desconfían de ésta, y ésta desdeña a aquellos. No ocurre sólo en Colombia. La Copa Mundo mostró que buena parte de las selecciones afrontaban problemas con los periodistas. Creo que es interesante escuchar las opiniones abiertas de "Bolillo" sobre la prensa. Los periodistas tenemos piel de cebolla; somos prontos para formular críticas y soberbios a la hora de recibirlas, y conviene escuchar a quien tiene algo que decir con franqueza y sin esconder la cara.

No son las únicas opiniones explosivas. De los directores técnicos argentinos Oswaldo Zubeldía y Carlos Bilardo, a quienes muchos atribuyen haber revolucionado el fútbol nacional, dice "Bolillo" exactamente lo contrario: "Zubeldía atrasó la evolución del fútbol colombiano" y "Bilardo, quien dirigió al Deportivo Cali y la Selección de Colombia, también significó un atraso para nuestro fútbol".

Por otra parte, el libro contiene varias revelaciones deportivas interesantes. La posición adelantada del portero René Higuita en la cancha, que lo ha hecho famoso en todo el mundo, no es resultado de una propuesta táctica de Maturana ni de Gómez, como muchos creen; sino un invento del propio Higuita. "Bolillo" tiene la generosidad de reconocerlo así. Las peleas entre Gómez y Faustino Asprilla constituyen otra interesante página del libro, mucho más después de que aquel se negó a recibir a Asprilla tras la última ‘chiripiorca’ del Tino en la selección que jugó en Francia 98.

Son muy reveladores los capítulos en que "Bolillo" relata su relación con Andrés Escobar y la muerte de éste (Según el entrenador, Escobar no fue víctima de la mafia de apostadores, como se ha creído, sino de "un hecho casual, pero consecuencia del autogol"). También los de su amistad con "Pacho" Maturana, incluida la pelea que los apartó durante un año. Lo que cuenta "Bolillo" sobre el "Pibe" Valderrama ayudará a que los colombianos valoremos aún más, como ser humano y como futbolista, a este personaje excepcional de las motas rubias.

El perfil humano que aporta el libro es tan interesante como el perfil deportivo. Gómez es amplio al abrir las puertas de sus sentimientos y sus opiniones. Gracias a ello nos enteramos de su condición enamoradiza y cómo ésta le arruinó el matrimonio con la mujer que adoraba. También nos confiesa que, mientras fue futbolista, llevó una vida desordenada y sin disciplina: "Y, como no me cuidaba, tenía que empeparme para jugar. Nunca actué sin doparme. Hasta me inyectaba en las venas".

Las 286 páginas de "Bolillo" golpe a golpe contienen abundantes e interesantes anécdotas. Algunas resultan deprimentes, como las amenazas que sufrieron Maturana y Gómez durante el Mundial de Estados Unidos, o el plan para asesinar a "Bolillo" que descubrió la policía después de que, en las eliminatorias de Francia 98, Colombia perdió un partido contra Chile.

Una de las anécdotas más estremecedoras es la que recuerda los consejos que daba Andrés Escobar a Faustino Asprilla en el vuelo de regreso que traía a la derrotada Selección Colombia desde Estados Unidos. "Faustino —le decía Escobar—, cuídese: a usted le gusta tomarse sus traguitos, le van a buscar pelea, y, como es explosivo, por ahí hasta lo pueden matar". Pocos días después, Escobar había sido asesinado al salir de una discoteca.

La autobiografía de "Bolillo" con ayuda de Poveda es un libro agradable, interesante y entretenido. No siempre un trabajo que exige abundante documentación oral y laboriosa edición logra mantener un aire fresco y auténtico. Este sí. Allí está el "Bolillo" que conocemos, pero hay también allí muchas cosas que no conocíamos de "Bolillo".

 
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